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Miércoles 17 de julio de 2019

“Argentina puede tener una inserción internacional a partir de los alimentos"

Sección
Economía
Fecha de publicación
7 de junio de 2019

Para Fernando Vilella, ex Decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, el crecimiento disruptivo del país puede venir de la mano del agro. En el marco del Foro AgTech Río Cuarto, señaló que apuesta a una marca país con productos certificados que lleguen a un consumidor asiático exigente y que le da importancia al cuidado ambiental.

En su diálogo ágil, se percibe la pasión de Fernando Vilella por lo que hace. Habla con estadísticas exactas, proyecciones puntuales, y porcentajes entusiastas. Sus palabras reflejan una mente brillante y capaz, sin ningún atisbo de vanidad. Es lo que sabe hacer. Habla con conocimiento, y le fluye naturalmente en su espíritu docente.

Con cierta ansiedad que delata el movimiento constante de una pierna, el ingeniero agrónomo, profesor y director de la cátedra de Agronegocios de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires (UBA) explica cómo el agro podría ser la clave para generar un crecimiento y cambio disruptivo en Argentina.

Decano en la Facultad de Agronomía de la UBA desde 1998 a 2006, asesor del Ministro de Agroindustria de la Provincia de Buenos Aires Leonardo Sarquis, miembro consultor del Consejo Argentino para las Relaciones Internacionales (Cari), Presidente de la Cámara de Industriales de Productos Alimenticios (Cipa), miembro de la comisión directiva de Maizar y Solidagro y columnista de Mitre y El Campo, entre otros medios, Vilella destaca la importancia de adaptarse a los cambios tecnológicos constantes y bromea: “A veces mi nieta tiene algunas cosas más claras que yo y tengo que preguntarle a ella”.

En ese sentido, recuerda: “Yo ingresé en una cátedra de fisiología vegetal y, en mis primeros análisis de datos, era hacer a mano la raíz cuadrada. Las calculadoras de mano recién estaban empezando. Y al celular no me lo imaginaba. Lo más cercano a eso era el Súper Agente 86, que hablaba por teléfono desde un zapato. Esa era la única percepción de qué podía pasar: el zapatófono”, y agrega: “Yo siempre fui tratando de incorporar la tecnología y la forma de comunicación. Hoy tengo Twitter y Linkedin.

Todavía no llegué a Instagram, pero trato de adoptar cada una de las cuestiones. Si uno elige el modelo antiguo para la realidad moderna, está inadaptado”.

Con padres inmigrantes españoles, en una casa en la que se respiraba la cultura española y había olor a paella en la cocina, Fernando creció con la curiosidad de la lectura. Aprovechaba la visita a la casa de familiares para pasar por la biblioteca y llevarse libros como La isla del tesoro, un hábito que aún mantiene.

A partir de su segundo año en la Facultad de Agronomía, fue ayudante de cátedra y, desde entonces, la pasión por transmitir sus conocimientos fue una característica clara y marcada. Más de siete mil alumnos pasaron por sus aulas.

Vilella fue uno de los disertantes invitados al Foro Agtech –organizado por la Agencia Córdoba Innovar y Emprender el pasado 25 de abril en Río Cuarto– para exponer sobre las demandas del nuevo consumidor global y su requerimiento de más y nuevas tecnologías. El ingeniero sostiene que Argentina tiene gran potencial para crecer si logra un diálogo y un acuerdo entre todos los sectores involucrados para que el agro pueda responder a la nueva demanda y las necesidades que exigen los consumidores a nivel mundial.

Marca Registrada

“Argentina debería buscar ser una marca país que la identifique con una producción saludable de alimentos, porque sin lugar a dudas lo es. Nuestro paquete tecnológico es mejor que casi cualquiera del mundo, y el paquete de la siembra directa lo es. Hay una serie de atributos que deberíamos aprovechar. Estamos muy bien posicionados y hay que apropiarse de eso para mostrarlo”, remarca Vilella.

–¿Cómo podría Argentina alcanzar un cambio real, concreto y disruptivo?

–Si nosotros duplicamos nuestras actuales exportaciones con el mismo perfil que hoy, en el sector del agro, esto implicaría unos 40 mil millones de dólares adicionales a nuestro comercio. Eso son 1.000 dólares por argentino, y no cambia sustancialmente la matriz. Entonces, lo que hay que hacer es agregarle un valor diferenciado a partir de la química verde, de las biotecnologías, agregarle valor, transformar el etanol y, en lugar de ponerlo en un tanque de nafta, transformarlo en bioplásticos, en bioinsumos de distinta naturaleza que multiplican el valor. Y hacer un cambio disruptivo para que, en vez de multiplicar por dos, se multiplique por 10. Estos son los cambios que se vienen. Uno tiene que ver con producir iomasa y otro, con generar más valor, en un contexto de un mundo que necesita cada vez más de todo, además de ser sustentable y de demostrar que lo es. No vas a poder vender nada que no tenga trazabilidad y certificación.

–¿Cuál es el perfil del nuevo consumidor?

–El consumidor hoy ya no está más en Europa, sino que está en Asia. Es una persona muy calificada en términos educativos, de altos ingresos, que gasta menos del 10 por ciento de sus ingresos en alimentos. Contar con las certificaciones que cuidan el ambiente, a él le importa y lo deja conforme con su conciencia. Tiene conciencia social, aunque no siempre está sostenida científicamente. Si querés vender, vas a tener que vender lo que él quiere comprar. Estamos en un contexto donde los chinos están haciendo departamentos donde no hay cocina. La comida se come elaborada. Hay un mercado de productos elaborados enorme. Estamos hablando de 1.3 billones de platos que van a requerir los chinos de acá a una década. El uno por ciento son 13 mil millones. Habría que plantearse si, desde Argentina, podemos abastecer a ese uno por ciento.

–¿Estamos preparados como país para apuntar a ese desafío y responder a esa demanda?

–Si somos capaces de organizarnos, y todo el contexto se orienta para que eso ocurra, ahí va a haber una Argentina diferente. Todo depende de nosotros. El consumidor está. Tenemos la tierra, tenemos empresarios, la tecnología. Lo que no tenemos son acuerdos políticos y sectoriales que establezcan algunas líneas de políticas de Estado que impliquen que invertir en esto tiene sentido. Porque si alguien piensa que se va a invertir hoy, y mañana o pasado van a cambiar las reglas de juego y le cierran las exportaciones, entonces esa inversión no ocurre. Eso es lo bueno y lo malo, que depende de nosotros. En otra época, cuando yo era joven, afuera no era posible, los mercados estaban abarrotados, los chinos solo comían arroz. Hoy comen arroz y un trozo de carne. Y un trozo de carne de los chinos son 1.400 millones de trozos de carne por día. Y ese es el cambio disruptivo. Las oportunidades en el mundo están, dependen solo de nosotros. Algunos países, como Chile, Perú, Colombia y Uruguay, lo están aprovechando.

–Y entonces, ¿qué pasa con Argentina? Si tenemos la tierra, los recursos, la tecnología, ¿qué nos falta para lograr dar ese salto?

–Necesidad de hacer acuerdos. Ningún sector político por sí solo va a poder, necesitás una masa de acuerdos para que esto ocurra. Hay muchos proyectos interesantes e inversores colaborando con esos proyectos. Hay un conjunto de acciones que están buenas. Este Foro de AgTech en Río Cuarto, por ejemplo, es algo que debería tener una escala nacional.

Fuente: LaVoz.com

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