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Martes 11 de diciembre de 2018

Populismo de derechas y de izquierdas

Sección
Opinión
Fecha
28 de noviembre de 2018

Daniel Muchnik *

Paren el mundo que me quiero bajar. El populismo se está expandiendo con alta presión en el mundo enfrentándose al manejo de la política y la economía, como rechazo a la democracia histórica y a partir del pesimismo. Es decir, un peligro de grandes dimensiones.

Pero no hay un sólo populismo que se creía de extremas derechas, tirando de un mismo carro la xenofobia o nacionalismo extremo, el odio a los dirigentes en el poder en distintos países. También se expresa y con inquietud un populismo de izquierdas. En el Foro del Pensamiento Crítico, en Buenos Aires, considerado de centro-izquierda, la ex presidenta Cristina Fernández que se dice peronista, dio un discurso, ante 50.000 personas, cuestionando la tradicional división de los poderes que data de siglos para luego pedir un frente antiliberal, de cuestionamiento a ciertos principios elementales históricos que le son propios al sistema vigente.

Pero ¿que es el populismo? ¿Hay consenso para su definición? Para especialistas como Norberto Bobbio en su estupendo diccionario sobre terminología política es "todo credo y movimiento basado en la siguiente premisa principal: la virtud reside en el pueblo auténtico, que constituye la mayoría aplastante en sus tradiciones colectivas".

Traducido: el pueblo tiene siempre razón y sus dirigentes representan la "voz del pueblo", salvan lo que le interesa al "pueblo", sin tener en cuenta a las minorías. El pueblo es asumido como mito. Como quintaesencia del pueblo, es evocado el elemento social que parece menos "contaminado" por injerencias extranjeras y que en el pasado lejano se daba en la población rural. Pertenecer al pueblo no depende de una condición social o profesional. Así, Eva Perón decía "el descamisado es aquel que se siente pueblo". El populismo se diferencia de manera radical del marxismo, a través de los argumentos teóricos. En algunos casos se habla de "pureza popular", con lo cual se le asigna una modalidad racista.

Hay, del mismo modo un militarismo populista (lo fue Nasser en Egipto, varios

uniformados latinoamericanos, el castrismo en Cuba y guarda bastante parecidos con Bolsonaro en Brasil). El fallecido especialista Ernesto Laclau, de gran influencia ideológica en el kirchnerismo, criticó algunas definiciones tradicionales. Escribió hace años que el "populismo" no es un movimiento sociopolítico ni una forma especial de organización. Es, por el contrario un fenómeno de orden ideológico que puede estar presente en el interior de movimientos y de regímenes de heterogénea base social.

La viuda de Laclau, Chantal Moue, belga, profesora de Teoría Política y Relaciones

Internacionales en la Universidad británica de Westminster acaba de publicar un libro, traducido, ya en venta en las librerías, con un título pomposo que procura sorprender: "Por un Populismo de izquierda". Va a tener éxito en el público kirchnerista y en algunos adláteres de vieja izquierda.

La tesis de este trabajo no es extensa. Dice que habida cuenta del crecimiento del populismo de derechas en el mundo hay que hacer lo posible por "comprenderlo" y a partir de allí crear las bases y la expansión mundial de uno de izquierdas. A su entender, en los próximo años el eje central del conflicto político estará entre el populismo de derechas y el de izquierda. Precisa: " Sólo mediante la construcción de un pueblo, una voluntad colectiva que resulte de la movilización de los afectos comunes en defensa de la defensa de la igualdad y la justicia social, se podrán combatir las políticas xenófobas que promueve el populismo de derechas.

Cuestiona Moue a los partidos socialdemócratas que pretender volver después del

fracaso en el que quedaron embretados después de la crisis del petróleo, en 1973, tras la estampida de los precios del crudo. Acepta Moue que todo llevará a un retorno de los político en serio. Pero que puede dar lugar a soluciones autoritarias, mediante regímenes que debiliten las instituciones democráticas liberales. Agrega: "Pero también puede conducir a la reafirmación y la expansión de los valores democráticos". El ideal democrático, considera, debe ser revisado, porque la defensa de la igualdad ha sido eliminada en casi todos los discursos de los políticos en el planeta.

La politóloga belga admira a Margaret Thatcher, conservadora. Indica que lo suyo fue un populismo de fuerte arraigo contra la crisis económica y el desborde de los sindicatos, y el frenesí de muchas decisiones que habían puesto a la isla en un brete. A tal punto que Tony Blair, laborista -advierte la autora- continuó por la misma senda de Thatcher, con la mentada "Tercera Vía".

En la misma dirección de Moue se vienen escuchando distintas voces que coinciden con ella. Por ejemplo: están los que afirman que los populistas de derecha no son entendidos y se los desprecia y eso no ayuda al entendimiento. El abogado José María Soroa en el diario

El País de España escribió en una columna: "Estamos incurriendo en el mismo error que llevó a Donald Trump al poder. Tratar a quienes se manifiestan nacionalistas españoles como rancios apestados o considerar a la reacción antiinmigratorias como una cuestión de falta de moralidad o tratar a los homosexuales como pecaminosos adversarios del patriarcalismo o machismo".

Paralelamente a este última concepción, entre 2017 y 2018, la extrema derecha se ha situado como segunda fuerza política en los Países Bajos y en Francia y como tercera en Alemania, Austria y Suecia (una de las ex- "perlas socialdemócratas nórdicas"). Todo ello sin mencionar los dislates fascistas de Matteo Salvini en Italia o Viktor Orban , un ex liberal transformado, en Hungría.

El factor de unión de todos proceso es un proyecto xenófobo, todo lo contrario de lo que representó la Unión Europea en 60 años de existencia. El Mercado Común, vale la pena repetirlo, fue creado por los dirigentes del viejo continente para evitar nuevas guerras. Las nuevas armas eran, así, el comercio, el entendimiento y la comprensión mutuas. Todo esto está ahora en crisis, entre el Brexit, los ataques contra Bruselas, sede de la Unión Europea y sus funcionarios, las manifestaciones levantando la mano al estilo nazi especialmente en Alemania del Este (la que fue comunista).

Es preocupante que se conozcan realidades que parecían olvidadas a mediados del siglo pasado. Los campos de refugiados sirios y subsaharianos se parecen a los que surgieron en la Segunda Guerra Mundial. Trump ha ubicado a 20.000 efectivos para frenar con gases o de la manera que ellos consideren aptas la desenfrenada lucha de los centroamericanos para ser aceptados en los Estados Unidos.Una muestra más de la desesperación frente a la violencia y la corrupción extendida en la vida política del nuevo continente.Hay desempleo y hay hambre.

La suma se convierte en éxodo, al encuentro de otra vida menos penosa.Las encuestas realizadas en distintos países latinoamericanos demuestran la apatía y el cuestionamiento a los sistemas políticos imperantes. Es decir que los llamados dirigentes no responden a lo elemental que piden los votantes.

El mundo, salvo contadas excepciones está presenciando una gran déficit democrático, un debilitamiento de los principios liberales que fueron fundadores de las naciones.

Se necesitan con urgencia medidas pragmáticas de urgencia que solucionen cuestiones de arrastre y problemas inmediatos. Y convencer que la vía democrática es la única que puede prometer un futuro mejor.

* Cronista

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