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Jueves 20 de septiembre de 2018

"Los mitos ayudaron a evolucionar al hombre"

Sección
Opinión
Fecha
21 de febrero de 2018

Patricio Zunini

En su libro sobre la historia de la humanidad, el israelí Yuval Harari señala que fue gracias a la creación de mitos que el hombre se convirtió en la especie dominante del planeta. Pero también se pregunta si hemos evolucionado desde entonces.

Cuando, un tiempo atrás, Horacio Rodríguez Larreta dijo que el homo sapiens se había unido para vencer a los dinosaurios y el mundo se llenó de memes, estaba citando —o, en todo caso, tratando de citar— a Sapiens, el estupendo ensayo sobre la historia de la humanidad del israelí Yuval Noah Harari. Claro que Harari no cometió el gaffe del jefe de gobierno de la Ciudad de Buenos Aires, sino que, en su caso, hacía referencia a la lucha contra el mamut —o, en una versión más cruel, contra los neandertales.

Sapiens. De animales a dioses (Ed. Debate) se publicó en 2014, pero recién hace pocos meses se convirtió en un bestseller mundial, empujado, sobre todo, por los elogios de Barack Obama —"Interesante y provocador"— y Bill Gates —"Recomendaría este libro a cualquier persona. Es entretenido y desafiante, no se puede dejar de leer"—. Los medios gráficos europeos lo destacan entre lo más fascinante de los últimos tiempos. Harari hace poco ha publicado un nuevo libro, Homo Deus, en el que indaga ya no el pasado sino el futuro del hombre.

Profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, Harari da conferencias en todo el mundo y hasta ha participado a comienzo de año en el Foro de Davos. Se dice que Angela Merkel hablaba con Emmanuel Macron cuando entró Harari: la canciller alemana interrumpió el diálogo con su par francés y se acercó a darle la mano. "Leí su libro", le dijo con admiración.

¿Qué tiene Sapiens que lo hace tan atractivo? Una teoría. No es poco. Con un puñado de teorías, Darwin, Freud, Marx, Einstein, cambiaron el mundo.

En el principio era el verbo

¿Cómo hizo el homo sapiens para convertirse en la especie dominante del mundo conocido? ¿Cómo consiguió establecerse tan rápidamente en hábitats tan distantes y con condiciones climáticas tan diferentes? ¿Qué hizo para dejar en las sombras a las demás especies "humanas"? ¿Por qué ni siquiera los neandertales, con un cerebro grande, fuertes y capaces de soportar el frío, lograron sobrevivirlo?

No solo fue gracias a su capacidad de adaptación o a la violencia innata, sino por, un factor clave, que es el lenguaje. "La característica realmente única de nuestro lenguaje", dice Harari, "no es la capacidad de transmitir información sobre los hombres y los leones. Más bien es la capacidad de transmitir información acerca de cosas que no existen en absoluto." Y sigue: "La ficción nos ha permitido no solo imaginar cosas, sino hacerlo colectivamente. Podemos urdir mitos comunes tales como la historia bíblica de la creación, los mitos del tiempo del sueño de los aborígenes australianos, y los mitos nacionalistas de los estados modernos."

Gracias a los mitos, los hombres se pudieron asociar en enormes grupos de individuos, impensables para otras especies: "El secreto fue seguramente la aparición de la ficción. Un gran número de extraños pueden cooperar con éxito si creen en mitos comunes".

A través de grandes relatos se organizaron sociedades, se naturalizaron clases, posiciones sociales y autoridades, y se produjeron revoluciones que, al imponer nuevos mitos, reorganizaron los Estados. Cambia el contenido, pero la estructura sigue estando en la fortaleza de las ideas.

El mito de la libertad, la igualdad, la fraternidad

Si tomamos dos momentos históricos distantes, el reino de Babilonia y los independentistas de Estados Unidos tenían una cosmovisión completamente diferente, pero, sin embargo, ambos imaginaban una realidad regida por ciertos principios de justicia inmutables. Principios que, aunque opuestos entre ellos, no están en ninguna realidad objetiva fuera de la imaginación humana. "La idea de que todos los humanos son iguales también es un mito", dice Harari, perturbador.

Otro mito igual o más potente es el dinero: "Personas que no creen en el mismo dios ni obedecen al mismo rey están más que dispuestas a utilizar la misma moneda. A Osama bin Laden, a pesar de todo su odio a la cultura estadounidense, la religión estadounidense y la política estadounidense, le encantaban los dólares estadounidenses".

El dinero triunfó donde dioses y reyes fracasaron gracias a, nuevamente, el poder de la ficción. La confianza en el dinero se creó a través de una red muy compleja y a muy largo plazo de relaciones políticas, sociales y económicas. "El dinero es el más universal y más eficiente sistema de confianza mutua que jamás se haya inventado". Creemos en el billete de un dólar porque nuestros vecinos creen en él. Y, a su vez, ellos creen en el billete de un dólar porque nosotros también creemos en él.

La propuesta de Harari actualiza el existencialismo con una idea bastante pesimista, pero a la vez liberadora. Si la ficción nos ha hecho quienes somos y nuestro sistema de valores está basado en un mito inventado por nosotros mismos, nadie es responsable de nuestra vida y nuestro destino, si no nosotros mismos.

Progreso y felicidad

Hemos hecho un largo camino desde aquellos primeros monos que lograron ponerse en pie, pero ¿cuánto cambió nuestra relación con el mundo? ¿Hemos progresado en algo? Vivimos en un tiempo donde los conflictos bélicos parecen ir quedando en el pasado, pero ¿cuánto hemos avanzado desde aquella especie que acabó con la mitad de los grandes animales del mundo a esta actualidad en la que mantenemos en condiciones insalubres a vacas y gallinas?

Las preguntas se hacen más urgentes en la medida en que estamos en los albores de alcanzar la inmortalidad gracias a los avances en el campo de la biología. ¿Vale la pena vencer a la muerte si lo que estructura nuestra existencia es el consumismo? ¿Vale la pena, si seguiremos devastando la tierra? ¿Seremos dioses irresponsables que no saben lo que quieren?

La pregunta que cabría hacerse, en todo caso, es si el progreso nos ha hecho más felices: "¿Fue más feliz el recientemente fallecido Neil Armstrong, cuyas huellas permanecen intactas sobre la luna carente de viento, que el cazador-recolector anónimo que hace 30.000 años dejó la huella de su mano en una pared de la cueva de Chauvet ?"

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