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Viernes 22 de septiembre de 2017

Puesta en valor del NOA: un Corredor Energético

Sección
Integración
Fecha
21 de junio de 2017

Rodolfo Schweizer *

Hace pocos días un ex gobernador riojano, ahora diputado, sorprendió al justificar el triunfo de su partido en las elecciones diciendo que el mérito era en realidad del gobierno nacional, por tener "abandonados” a los riojanos. Como si esta peyorativa visión social no fuera poco, le agregó otro disparate afirmando que también el Plan Belgrano, un plan nacido de la ingenuidad, quizás con buenas intenciones, pero mal planteado desde el principio, era otro fracaso de Macri y su gente.

La visión del diputado nos pone nuevamente frente a un tema que no por antiguo y arcaico pierde actualidad: el de la relación humillante e infantil que las mismas provincias se imponen con el poder central. En efecto, su declaración sugiere indirectamente la incapacidad de las provincias para manejar su destino y la necesidad de un "padre” benevolente, el Estado nacional en este caso, para que maneje sus asuntos y su destino. Por otra parte, su desesperanza actual en el Plan Belgrano indicaría que alguna vez lo vio como un plan mesiánico y mágico que, por sí mismo, rescataría a las provincias de su atraso y pobreza. Realismo mágico realmente.

La realidad es que en nuestra región nunca ha existido una voluntad política de generar o crear las condiciones económicas y legales para cambiar el destino que hoy tiene. Ya pasaron 150 años desde que se impusiera a nuestro país un modelo de funcionamiento político y económico que implicó la sujeción de las provincias al poder central, sin que los partidos políticos que se sucedieron a lo largo de todo ese tiempo hicieran mucho para cambiarlo. Al contrario, aceptaron la imposición portuaria y terminaron generando un status quo social que es la base económica del atraso y la pobreza del NOA.

Los datos sociales del NOA hablan por sí mismos. Si dejamos de lado datos macroeconómicos como el PBI, que no reflejan la real situación social, es una vergüenza el nivel de pobreza que acusa el NOA. Informes publicados en los últimos tiempos en este mismo diario ponen al 37,2 % de la población catamarqueña en esa condición, mientras que para el NOA esa situación alcanza al 39,1 %. En el resto de las provincias vecinas la situación no es mejor. El pasado sábado 19 de junio el mismo titular del INDEC afirmó que el 40% de los desocupados en el país son los comprendidos entre 19 y 20 años de edad, justamente los que más posibilidades tienen de encontrar un trabajo por estar en la plenitud de la vida física. ¿Qué queda entonces para los más viejos?

Las ilusiones en el Estado

En primer lugar, la situación de pobreza del NOA es una acusación directa a la idea del Estado todopoderoso como redentor. En efecto, al individuo común la clase política le ha hecho creer que el Estado todo lo puede y que el progreso va de la mano de las decisiones que se puedan tomar desde el gobierno. Desgraciadamente, la sociedad en su conjunto se presta a creer esta falacia y termina pasando por alto las limitaciones que el sistema les pone a todos, incluidos los políticos.

Una de esas falacias es la idea instalada de que la "obra pública” es el motor de la economía. Se ha instalado la creencia de que el progreso se mide por la cantidad de plazas, postes de iluminación, terminales, metros de pavimento, escenarios para festivales, canchas de deportes, etc. Sin duda, esa apuesta hace ganar elecciones, pero a la larga no alteran las condiciones que alimentan el atraso y la pobreza.

El resultado de esa visión equivocada es el desprecio injusto por la iniciativa privada que, en definitiva, es la única que puede generar una economía productiva, base real del progreso social. Obviamente no me estoy refiriendo aquí a la "patria contratista” del Estado, sino a aquélla que genera bienes de consumo producidos en procesos industriales y que se pueden intercambiar en el mercado nacional e internacional.

Por ello nada más trágico para nuestras provincias que los cierres de fábricas que se están dando en nuestro medio y otras provincias vecinas. Que ni siquiera una fábrica textil, base de la revolución industrial hace más de un siglo, pueda sobrevivir en nuestro NOA revela que nuestro contexto no ofrece las condiciones ni para un despegue industrial básico. Lamentablemente, el Plan Belgrano ofrecía una esperanza, pero nació mal y sus destinatarios no estuvieron preparados para recibirlo. Al final volveremos sobre este punto.

La idea del Estado salvador ha tenido otras consecuencias culturales nefastas para el porvenir de nuestra sociedad. Ha llevado a la población a poner todas sus esperanzas laborales en el empleo estatal, habida cuenta de la ausencia de otras opciones. Esta situación ha llevado al Estado a transformarse en el primer empleador y a hacer de nuestra economía una de servicio, no productiva, que está destinada a fallar por falta de recursos genuinos y por la limitación que impone la misma geografía y las demandas de una población en aumento.

Sin embargo, estaríamos equivocados si creemos que esa actitud de ubicarse "bajo el ala protectora del estado” es privativa del común de la gente. Hace poco un empresario catamarqueño se quejaba de que el estado no le subvencionaba más el costo de la energía que consume su empresa. Con criterios empresariales de ese tipo no se puede pretender competir en la economía mundial. Demás está decir que esta tergiversación de los fines del Estado y sus funciones lo termina transformando en un simple medio al servicio del demagogo de turno y la corrupción.

Ahora bien, corresponde preguntarse por cuánto tiempo puede funcionar este esquema de creer en los poderes sobrenaturales del estado para generar una economía que produzca riqueza. No indefinidamente. Se debe comprender que el aumento del déficit fiscal tiene sus causas en la incapacidad de generar ingresos propios y genuinos. Como es de imaginar, ese exceso es cubierto con préstamos, en pesos y en dólares, que luego se deben pagar, con sus respectivos intereses. Bueno es recordar que esta locura de funcionar pidiendo prestado fue lo que llevó al país a la crisis de 2001.

Lo único que puede salvar al Estado nacional y provincial es el fomento de una economía que termine con el criterio de que el Estado todo lo puede y la implementación de una economía productiva equilibrada y basada en la producción de bienes y servicios que generen riqueza tangible. Hoy por hoy la parte productiva solo ocupa un 12 % del PBI provincial, mientras los servicios apoyados en el Estado, no tangibles en su mayoría, ocupan casi un 65% % del mismo y son por demás pobres. Lo prueban sus "puestas en valor” en áreas como turismo, donde sus mejoras en cuentagotas de algún aspecto aislado no sirven para generar un salto cuantitativo de la actividad.

Habida cuenta de la incapacidad del Estado para generar, administrar y mantener sistemas productivos en funcionamiento y para generar servicios, la inversión privada está llamada a cubrir esa parte de la economía.

El Plan Belgrano y la oportunidad perdida por el NOA

La actitud de las provincias hacia el Plan Belgrano ilustra la actitud de abandono que rodea a la idea de una autonomía económica de las provincias. Hasta donde sabemos, el plan implicaba una inversión de 10.000 millones de dólares del gobierno nacional como reparación por el "olvido” en que la república tuvo a la región a lo largo de la historia.

Dejando de lado el hecho de que el plan nunca despegó por falta real de fondos, nos preguntamos qué hicieron las respectivas provincias ante esa propuesta. Hasta donde sabemos, ninguna medida de fondo que implique un cambio en la situación económica.

No hubo ningún proyecto que realmente apuntara a generar las bases de una economía productiva que generara riqueza productiva y no mero servicio. Los políticos provinciales de turno no comprendieron ni comprenden que el problema del atraso histórico del NOA es regional y que, por lo tanto, la solución tiene que tener el mismo carácter: ser regional, porque no hay salvación "jugándosela” solos.

Con esto queremos decir que los proyectos que se sugirieron no pasaron de ser, en el mejor de los casos, fantasías provinciales aisladas del resto de la región. El NOA necesita algo más que un dique aislado en algún valle perdido o un tramo de ruta pavimentada en algún confín de su geografía o una vía que no se sabe qué puede llevar ni adónde.

La puesta en valor del NOA debe partir, entonces, de una visión de conjunto de su problemática. Es imprescindible verlo como una unidad económica porque sus problemas son comunes a toda la región. Si nuestras provincias han de tener una salida, ella se dará si pasan por encima de sus mezquindades localistas y trabajan unidas para superar las condiciones de atraso y pobreza que las dominan.

Para llegar a ello es necesario entender primero que el status quo de dependencia económica y financiera en que funcionan las provincias del NOA en relación al poder central no tiene futuro ante el inexorable crecimiento demográfico y la limitación natural de los recursos generados por el campo.

Se debe entender también que es hora de abandonar el criterio económico heredado de la colonia de creer que la exportación de materias primas es la salvación. La cordillera tiene sus limitaciones. Cuando Alumbrera cierre sus puertas nos quedaremos prácticamente en la misma situación que teníamos cuando llegó hace 20 años Unas pocas obras nuevas, pero en esencia sin cambios en nuestra situación de provincia con una economía marginal.

Corredor energético

Si al NOA se pretende darle un futuro productivo que lo saque de su letargo histórico es imprescindible la construcción de un corredor energético. La disponibilidad de energía es lo primero que requiere un emprendimiento industrial antes de empezar, y los medios de transporte lo segundo para poder sacar su producción. Aunque pobres, rutas de superficie hay. Lo que no hay es energía confiable y en cantidad.

Cuando hablamos de energía nos referimos a dos tipos de ella: eléctrica y calórica. La primera para mover máquinas y hacer funcionar sistemas de comunicaciones y de administración; la segunda para poder procesar la materia prima que la naturaleza nos brinda, sea ella mineral o vegetal. Naturalmente, ambas contribuirán a generar un contexto de confort que sacará a la población de la precariedad en que se desenvuelve su existencia actual.

Para quienes no entiendan de lo que hablamos, recuerde el lector que la Alumbrera no habría sido factible sin su propia línea de 230.000 voltios que construyeron desde Salta y que Loma Negra tampoco habría sido realidad cerca de Tapso sin su línea de alta tensión de 132.000 voltios desde Huacra y el Gasoducto del Norte, los que le permiten cocinar el barro del cual sale el cemento. Esos emprendimientos industriales no existirían sin esas obras de infraestructura previas.

Imagine ahora lo que sería el NOA, o sea el oeste de Salta, Tucumán, Catamarca, La Rioja si una línea de 500.000 Voltios y un gasoducto de 24 pulgadas lo cruzara de norte a sur. Imagine lo que esto significaría en una integración vial, energética y marítima con el norte de Chile; lo que significaría para Andalgalá. Tinogasta, Belén, Santa María y demás poblaciones tener gas natural.

Y no hablemos de Catamarca capital. Nuestra ciudad es vulnerable energéticamente porque es parte de un sistema de alimentación radial, si dejamos de lado la pequeña línea que viene de Huacra. De existir una línea de 500.000 voltios por detrás del Ambato, Catamarca podría conectarse a ella y ser parte de un anillo energético que la independice de Recreo. Lo mismo si existiera un gasoducto por el oeste. Hoy una falla en el gasoducto del norte haría que Catamarca se quedara sin gas. Esto también vale para La Rioja.

En pocas palabras, de existir esa infraestructura también seríamos parte del sistema Cuyo, además del Litoral. Y San Juan y Mendoza también se beneficiarían porque estarían directamente conectados a Salta y los yacimientos bolivianos.

Creo que nadie podría negar que una infraestructura energética como la mencionada cambiaría para siempre el destino de los pueblos del NOA; de esos pueblos cuya gente tiene que emigrar a otras regiones para armar un futuro decente.

Algunos objetarán que esto es una locura que no se puede pagar. Se equivocan. Con el Plan Belgrano alcanzaba y sobraba. Lo que faltó fue la voluntad de darle otro futuro a la región.

Para dar una idea del costo, veamos algunos números basados en los costos de una infraestructura como la que aquí proponemos en EE.UU.

Supongamos un corredor que vaya desde Salta a Mendoza, unos 1.300 km., siguiendo la Ruta 40 en Catamarca y las que continúan en las provincias vecinas. La parte eléctrica compuesta por una línea simple (doble conductor por fase sería lo apropiado) en 500.000 voltios, cable aluminio/acero de 250 mm2, torres autosustentables, que se uniría al sistema nacional interconectado en Salta y Mendoza. También un gasoducto de 24 pulgadas y presión máxima de 90Bar que se uniría al Gasoducto del Norte que sale de Campo Durán a San Lorenzo (Santa Fe) y terminaría en Vaca Muerta, Mendoza.

Tomando como base datos de 2014, el costo estimado de una línea simple de extra alto voltaje en 500.000 voltios, en terreno llano, estaba en los U$S 1.250.000 por kilómetro. Suponiendo un 50% más por ser terreno montañoso, el costo sería U$S 1.875.000.000/km.

Costo de Línea de 500.000 voltios (1.300 km): U$S 3.175.000.000.

Si a lo largo se construyeran al menos 6 estaciones básicas de rebaje de 500.000 a 132.000 Voltios, el costo, a 3 millones por cada una, sería de unos 18 millones de dólares.

Subtotal para la parte eléctrica: U$S 3.193.000.000.

Si el gasoducto fuera de 24 pulgadas costaría un promedio de 1 millón de dólares el km en terreno llano. Suponiendo un 50% más por ser terreno montañoso, tendríamos el costo en U$S 1.500.000 el km.

Subtotal para un gasoducto de 1.300km: U$S 1.950.000.000.

Costo total de ambas obras: U$S 5.075.000.000 o sea 50% de lo prometido en el Plan Belgrano.

Si se tiene en cuenta que los costos en EE.UU. son mayores por la compra de los derechos de paso y una mano de obra más cara, en nuestro país el costo total podría ser menor. Y sería aún menor si se tiene en cuenta que cuanto más larga la infraestructura propuesta, más barato el precio por km.

Repetimos: estos costos son aproximados.

Por lo tanto, lo propuesto en el Plan Belgrano habría sobrado para darle otro futuro al NOA, dotándolo no solo de una infraestructura energética atractiva para cualquier industria minera o alimenticia, sino cambiando las condiciones precarias de vida en que se desenvuelven los pueblos de esta región; ese NOA que aún espera que algunos políticos se "pongan las pilas” y dejen de explotar la pobreza de su pueblo.

* El Ancasti

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